- Cariño ¿Me dejas?
- Tom yo ya te dejé hace ya algún tiempo...¿no te acuerdas? Refréscate la memoria, porqué creo que tiene sed.
- Cady, mi querido terrón de azúcar yo no tengo sed, quiero azucarar mi vida con tu esencia, ¿que hay de malo en eso?
- No seas cursi ni me intentes comprar con tus palabras, no estoy en venta Tom. Y no creo que tenga que darte más explicaciones, quedo todo claro. Tú sentenciaste esto ¿sabes?¿ Acaso me acosté yo con tu amiga? No tienes dignidad, no sé realmente a que vienes ni tus intenciones pero no son de mi interés. Vete por donde viniste.
- Cady, Cady, Cady, mi querida Cady... ¿Aún tienes contigo ese rencor? Vive feliz y déjate de recuerdos del pasado. ¿No te pedí perdón? ¿No hice todo lo que estaba a mi alcance para que las cosas fueran bien? Me desconciertas... no sé que puedo hacer más por ti.
- ¿Quieres hacer algo por mi? Piérdete.
- Oh nena, que corazón más duro.
- No te equivoques, que cabeza más bien amueblada.
- Cady, te quiero y lo sabes, y no quiero perderte.
- Haberlo pensado antes, ¿no crees? ¿Acaso yo no te demostré mi amor? Fuiste tú, solamente tú quien decidió esto, yo no te impulse a que me engañaras ni a que jugaras conmigo, al fin y al cabo la más perjudicada fui yo. A si que no creo que tengas nada que echarme en cara, vete Tom, vete y no vuelvas.
- Me echaras de menos, lo sé.
- Por el dolor y por las personas que te lo causan no creo que sea exactamente eso lo que se siente.
- ¿Me odias?
- Me repugnas.
- Cady...
- Adiós Tom, se feliz.
La puerta de madera se cerró de golpe en las narices del joven Tom. Cogió su casco y subió a la moto roja aparcada delante de la puerta y se marchó. Nunca más lo volví a ver, al parecer con los años se casó con una mujer de alto linaje que vivia en la Caye Mayor. En el diario lei muchos artículos y noticias acerca de un joven llamado Tom Harlen dueño de una gran cadena de empresas farmacéuticas. Hablaban sobre los grandes progresos y beneficios... Al parecer había alcanzado la fama, el dinero, el poder... En sus manos tenía todo lo que cualquier hombre desearía.
Poco después, en el 29 me enteré que la cadena de empresas Farmaguen había ido a pique y con ella sus trabajadores y empresarios. Tom Harlen no pudo afrontar la nueva situación que se le presentaba. Lleno de deudas y complicaciones el arruinado Tom Harlen dejó viuda a una mujer y sin padre a dos pequeños.