martes, 17 de mayo de 2011

Andando sin saber porqué

Anda vagado por las calles un cuerpo vacío, una máquina casi perfecta que juega al viejo cruce de miradas, calle arriba, calle abajo. Calles anchas, calles estrechas, gente, mucha gente. Nítidas imágenes en blanco y negro como obra echa por alguna maquinaria y ellos, los individuos, simples piezas sencillas de un amplio organismo. En medio de esa multitud que anda sin parar se encuentra una mente vacía que sólo observa su entorno, sólo mira el paisaje de su alrededor. Un paisaje urbano, cotidiano y ordenado, tal y como su vida. Sin rumbo, sin destino anda si parar mirando hacia un lado y otro. Pensamientos, preocupaciones, deseos, miedos, caprichos, destinos, historias, proyectos y más rondan por la mente de todas las personas con las que se cruza, con las que mira y con las que no. Juega a imaginar cada una de las vidas de todas las personas que a través de sus corneas ve. Todas menos la suya, ¿para qué imaginar algo de lo que en su día huyó? Triste desenlace del paso de una tarde cualquiera, de un día cualquiera, de una vida cualquiera.

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