viernes, 9 de noviembre de 2012

Hola, ¿su nombre? Mujer moderna (follo mucho)

Historia de una mujer: La mujer moderna ¿Qué es una mujer moderna? Señores no confundamos, ser moderna no es ser puta. Siento ser tan franca, basta o tal vez despectiva, pero es así. No caigamos en el error de creer que ser un cerebro fresco en pleno siglo XXI es ser una maquina sexual que no quiere ni debe dar explicaciones a nadie. Largas noches lujuriosas no rejuvenecen. La mujer moderna es un caramelo en un mundo tan vinculado al sexo, porque queridos parece ser que el sexo se ha convertido en un alimento de primera necesidad. Déjenlo todo, dejen ahora mismo todo lo que están haciendo y follen,(se ve que practicando sexo no es necesario comer, ni respirar, ni ingresar dinero en su cuenta bancaria incluso pueden morirse de hambre si quieren, está permitido) ustedes follen, y cuanto más y con más personas, totalmente distintas, mejor. Será que es un punto positivo en la nota final en el instituto, o parece ser que encuentras trabajo antes si practicas mucho sexo, debe ser por eso de que eres moderno. La mujer moderna es la jovencita que ha visto pasar más hombres por sus sábanas que las veces que se ha comentado que George Clooney es gay. El nos diría algo así cómo: What else? ¿Se acuerdan? Famoso nespresso, ojalá algún día una mujer moderna me invite a uno. La señorita que por definición es totalmente activa sexualmente saca a pasear sus carnes pidiendo clemencia, chilla a gritos que es moderna y que puede tirarse todo lo que le apetezca porque no tiene ataduras y hace con su vida lo que le viene en gana. Y es así, es cierto, el concepto libertad es tremendamente apetecible y por supuesto, ideal. Pero es cuando yo, ingenua de mi, me pregunto: Ser libre esta lejos de ser recatada, es decir, es ser moderna que se asocia a ser un putón verbenero, vale, entiendo. Entonces...¿Seré libre, moderna y triunfadora si me tiro a medio pueblo y el otro medio me lo dejo para mañana? Triste muy triste que se confunda ser una mujer moderna, la mujer que debería ser, es cierto, libre, pero libre de tomar sus propias decisiones, de decidir que camino tomar sin la bendición de un hombre. Libre de empezar y luego finalizar, libre de ir a pasear, de votar el partido de ladrones que le nazca en las próximas elecciones, de ser feliz como sea y con quién sea y sobretodo de vivir. Porque mi humilde y más sincera opinión es que la mujer no debe ser una mujer fácil ni ligera para adaptarse a este mundo ni debe mostrarse como tal para parecer superior porque ser de esta forma es desnudarse ante el mundo, es demostrar ser un simple trozo de carne con alma e instintos animales. Queridas mujeres, no se rebajen, háganse respetar y valorar porque si ustedes mismas son las primeras en faltarse el respeto de tal forma, nadie va a respetarlas jamás. No destrocen al resto, al colectivo que quiere ser algo más que un agujero o un desfogo, llámenle como quieran, los dos me valen.

martes, 11 de septiembre de 2012

*

Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos, esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella… Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que siempre perderás. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y os impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejaréis de intentarlo. Os rendiréis y buscaréis a esa otra persona que acabaréis encontrando. Pero os aseguro que no pasaréis una sola noche sin necesitar otro abrazo suyo, o tan siquiera discutir una vez más… Todos sabéis de qué estoy hablando, porque mientras estabais leyendo esto, os ha venido su nombre a la cabeza. Os libraréis de él o de ella, dejaréis de sufrir, pero os aseguro que no pasará un día en que deseéis que estuviera aquí para perturbaros. Porque, a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas que haciendo el amor con alguien a quien aprecias.

Creo en el (a)mor.

¿Saben lo que no es normal? no es normal pensar que hacer el amor es pecado, no es normal pensar que Dios no quiere las relaciones sexuales, no es normal que la iglesia oculte abusos de niños, ni que los sacerdotes no se puedan casar. No es normal la riqueza del baticano, ni los anillos, ni el oro, ni el dinero tirado en campañas de publicidad, ni todo ese bohato absurdo mientras 30 millones de personas se contagian de sida en Africa por no usar preservativo. Señores, Dios nos hizo con dos brazos y con dos piernas y tambien nos hizo con la capacidad de amar, de querernos, de tocarnos, de sentir con la yema de los dedos el peso cegado por una gran excitacion y eso... eso no puede ser pecado. Amar, amar no es facil, y ustedes se empeñan en hacerlo mal, como si no nos bastaramos nosotros mismos, y no se bastara la propia humanidad para complicarlo todo. Señores, porque amar, amar es entender tambien el rechazo, entender que te van a hacer daño, entender que vas a sufrir, que vas a llorar, y es entender que las cosas son muy distintas al sacramento. O sea, ¿hoy te casas y vives feliz para toda la vida? falso. Señores, es falso, por muchos siglos que puedan ustedes seguir proclamandolo. ¿En que creo? Creo que ustedes no saben lo que es el amor, pero por que siempre, si algo he aprendido de estos años, es que se apretan dos cuerpos hasta convertirse en uno, si eso es pecado, señores, soy un pecador, porque el unico Dios en el que creo, es el amor.

lunes, 10 de septiembre de 2012

¿Y si te digo que te quiero sirenita?

- ¿Quieres que vayamos a tomar un buen plato chipirones cerquita del mar? Bañados en agua marina con un suave toque al limón y acompañados con la brisa salada y sobretodo marina, de esas brisas que saben a mar, ¿sabes? - Si me invitas… quizás. - Yo sé qué tú quieres bailar conmigo, lo sé. En la orilla de la playa, con los pies hundidos en la arena, con el ruido de las olas, el cielo oscuro colmado de estrellas y miles de luces reflejadas en el agua fría, nocturna, las luces de los coches, los semáforos, las farolas, los pasos de cebra. Te construiré un castillo enorme de arena, con muros bien altos para que nunca puedas marcharte. Tú serás el rey y yo tu reina. Te traeré una bandera para que impongas tu mandado, aunque no podrá ser de telas caras, la fabricaré con restos marinos, recuerda, vivimos en la orilla del mar, cerquita cerquita del agua. Ramitas diminutas remojadas que anteriormente fueron un nido de pájaros y pedazos de algodón blanco nacidos de la espuma que roza nuestros dedos en cada oleaje. - Claro, yo soy un rey, yo seré tu rey. Y tú la reina más hermosa instalada en la orilla del Mediterráneo. - Sí. Iremos a buscar mejillones para la cena real que celebraremos en nuestro palacete, ¡será divertido! Invitaremos a todos los habitantes, a las sirenas con barba, a los peces con gafas y aficionados a la lectura, a las algas con patas y ojos saltones. - ¡Vigila tu larga melena! Se sale de la raya cuando colorea. - ¡Sí! Tienes razón, me pondré un pasador marino, una concha en el pelo para que no se me caigan los hilos dorados en la comida real. Sería un desperdicio, ¿verdad? Tanto rato en la cocina… O quizás el coletero hecho con algas que me regalaste la primera vez que buceamos juntos.

jueves, 2 de agosto de 2012

Juventud y otros asuntos

Siempre que cualquier persona mayor hace un recorrido de su vida, como si de una película se tratase, hace referencia a una importante época de su vida, la juventud. Sí, cuando alguien adulto o anciano nos explica algo de su vida, siempre toma como herramienta la juventud. Frases como “cuando era joven…”, “cuando tenía tu edad…”, “yo de joven…”, siempre aparecen en sus relatos. Recuerdan su juventud con nostalgia porque se dan cuenta que por suerte o por desgracia el tiempo ha pasado. Algunos les gustaría volver a ser jóvenes, esos jóvenes emprendedores, jóvenes inocentes, jóvenes soñadores pero siempre, jóvenes. Saben que nunca más podrán volver atrás por mucho que Herbert George Wells idease una máquina del tiempo en sus relatos de ficción. Saben que la juventud es una obra de arte efímera que tarde o temprano marchará por el mismo camino que llegó. Somos esclavos del tiempo y éste hace con nosotros lo que desea. El ser humano siempre ha tenido la obsesión de plasmar en sus filmografías la fabricación de simples botellitas con un líquido que les de la juventud eterna y la inmortalidad. Y es que a las personas les asusta envejecer. Les asustan las arrugas, las patas de gallo, los quilos de más, las ojeras y todo lo que vaya atado con la vejez. Siempre quieren permanecer bellos y jóvenes. Hacen cualquier cosa para no sentirse mayores. Se compran cremas antiarrugas y anteojeras, se operan los ojos, los labios, los pómulos y la cara en si. Algunas veces quieren vestir a la moda para no sentirse ancianos, “¿Le gusta esta prenda?”, “No, esa ropa es de vieja”. Incluso engañan a los demás quitándose años de encima como si fueran globos aerostáticos que sueltan las bolsas pesadas que llevan, para volar más alto. Si analizamos los actos de las personas podemos comprobar que temen a la vejez, que tienen una enorme fobia a la vejez. Tal vez podríamos denominar esta obsesión como “ancianofobia”. La “ancianofobia” es un trastorno de salud emocional caracterizada por el miedo intenso y el pánico a la vejez. Podríamos incluir esta fobia a cualquier diccionario médico que no asombraría en absoluto. Así que jóvenes españoles, disfruten ustedes que pueden de la juventud, porqué tengan por seguro que cuando sean mayores recurrían a lo que este a su alcance y más para estar bellos y disimular su vejez. O tal vez, gracias a los nuevos avances científicos y tecnológicos ya exista una máquina del tiempo o un elixir de la vida.

viernes, 27 de julio de 2012

Topitos helados, telas con olor a mar

Entre humo, luces y confeti visualicé tu figura moviéndose al ritmo de Janelle Monáe. ¡We are Young! , gritabas con fuerza. Llevabas un vestido de telas extrañas con trasparencias que se movían revoltosas en los pliegues. Azul marino y topos blancos, acabé por denominarte “la chica de los topos”, tirantes anchos y rodillas descubiertas. Tu larga melena se balanceaba con el vaivén de tus caderas y el viento la despeinaba. Tu carita era realmente el espejo de tu alma y es que Topitos, sólo podía reflejar tu espíritu libre, eras un pájaro independiente y solitario que vagaba por la pista de baile yendo de aquí para allá sin parar. Ajena a la mirada de la gente, a sus cuchicheos, a sus actos, a sus bailes y a las canciones que tarareaban inventándose la letra. ¡Por fín! ¡Me miraste! Me dijiste tantas cosas con tan sólo mirarme. Observaste cada uno de mis movimientos, de mis gestos. Hiciste un escáner completo del elemento que tenías enfrente. Aun no me has contando que pensaste de mí en ese momento, un instante de 2 segundos en que nuestros ojos se clavaron los unos en los otros sin mover ni una pestaña. Quería impresionarte como fuese, me daba igual como sólo quería que fijases tu atención en mí. Mis manos iban solas, creo que no sabían que estaban tocando. No distinguían entre Bongo Botrako ni El Barrio, admito que no se enteraban de nada, la batería iba con una alma viajera al mando. Tu sonrisa tímida me comía por dentro, no sabía que significaba que me mirases de una forma tan peculiar, tan distinta… Me armé de valor y decidí que iba a ser tu foco de luz, tu centro de atención. Conseguiría que no miraras a nadie más, que no prestases atención a nada ni a nadie y pienso que lo logré. Recuerdo como te reías cuando mis manos se enredaban entre ellas con los palos de la batería causa de querer impresionarte con mis dotes de malabarista retirado.

viernes, 11 de mayo de 2012

Afrodita viaja en autobús

Ese día no iba a ser especial,ni raro, ni siquiera inolvidable. Ni más ni menos como otro cualquiera. Se asomaba un día largo, pesado y aburrido. Salir, andar, desayunar, trabajar, comer, trabajar, trabajar, ¿He dicho trabajar?, cenar y dormir. Despertarme, marchar, desayunar, trabajar, comer, dormir... Mi vida era una larga cinta de casete que siempre que terminaba volvía a empezar, un disco rayado que continuamente reproducía la misma canción, un viaje monótono e interminable que se repetía todos los días de mi eterna existencia. No había novedades, ni sorpresas, sólo una vieja rutina, sucia y amargada que se reiniciaba una vez tras otra, sin cambio alguno. No había nada del ayer que no hubiera echo hoy ni nada que no haría mañana. Si buscara un término para definir mi vida creo que la forma más clara posible sería dibujar un espiral. Sí, mi vida era un espiral, un completo y absurdo espiral.Siempre pensé que me quedaría anclado en la misma linea de esa figura, atrapado para el resto de mi vida. Un molino que siempre giraba en la misma dirección. Me parecía estúpido que me preguntasen qué había echo hoy o tal vez cómo me iba todo. En respuesta a ello confesaré que mis palabras siempre estaban cargadas de una tremenda hipocresía al contestar que todo iba bien. Ridículo, ¿Bien? ¿A esa vida grotesca le atribuía el adjetivo positivo de bien? Inhumano... Aveces me asombro de lo falso que puede llegar a ser el ser humano. Lo cambiante para los demás era eterno para mí. He oído tantas estupideces al largo de mi vida que ya no me asombra nada. Alomejor ese es el problema que ya nada me asusta ni me sorprende, soy inmune a la estupefacción y ninguna cosa me causa desconcierto. Aveces me pregunto cómo he llegado hasta cierto punto o cuál fue el momento que empecé a sentir que mi vida era un vaso vacío, seco sin rastros de que algún día estuvo saturado hasta arriba de vida, lleno de agua. Creo que después de esto nunca me hubiese imaginado que mi vida, tal y como la conocía, haría un giro de 360º en las coordinadas 22, 10. La brújula de mi vida se había vuelto completamente loca. ¿Coger las riendas de mi vida decís? ¡Jamás! De este tren, locomotora o como queráis llamarle yo no me bajo. ¡Sí, estoy loco! ¡Y qué más da! ¿Acaso alguien se acordó de mí cuando vivía desamparado y huérfano del sentido de la vida? ¡Nadie! Estoy en el pleno éxtasis de mi existencia, en la mismísima cresta de la ola. Oírme, ¡Soy el rey del mundo! Parece ser que algo de razón tenían. Después de la larga tormenta aparecen los primeros rayos de sol y luego la estrella entera. Sin ese autobús mi vida hubiera permanecido infinitamente igual. Ese vehículo largo con el morro sobresalido, amarillo chillón y con publicidad del Merkamueble, el paraíso del mobiliario, cambió mi vida por completo. Esa mañana no había salido pronto como de costumbre y llevaba el tiempo justo para llegar a la estación. Mi tiempo corría por momentos y hasta me había abrochado los botones de la chaqueta marrón de pana en el ascensor. Creí no dejarme nada pero mis suposiciones fueron falsas, las llaves de la oficina se habían quedado en la mesita de noche. El día anterior había llegado tarde a casa. Ya eran las nueve y aún me esperaba una ducha bien caliente y preparar algo de cenar. Al llegar lo primero que ice fue sacar las llaves de la chaqueta y dejarlas en la mesita de noche y luego sin pensar me tiré en la cama y me puse a mirar hacia el techo pensando en el duro día de trabajo. Papeles, archivos, los ojos cansados delante la pantalla del ordenador... Pero diré que mis pensamientos se desvanecieron al nada y empecé a mirar las musarañas como de costumbre. Retrocedí y volví a casa. El reloj no me acompañaba, llegaría tarde y el tren se iría sin mi. Cogí las llaves y una manzana, mi estomago había empezado a rugir como un león hambriento. Anduve hacia la parada del autobús. Aún me quedaban unos metros y mis pasos ligeros permitían que ganara unas cuantas milésimas de segundo. Me paré en el semáforo. Como de costumbre, rojo. No sé como me lo hacía pero nunca encontraba los semáforos en verde y tampoco los coches se paraban cuando me disponía a pasar un el paso de cebra. Mientras esperaba vi como se acercaba el autobús. Pasó por delante mío. Línea 22, próxima parada, Paseo Mingo. Bajé con resignación la cabeza esperando que la lucecita se pusiera verde. Al escuchar el sonido del tubo de escape del inmenso animal levanté el rostro y en ese momento quede paralizado. Las agujas del reloj dejaron de avanzar, los coches, las motos, todos los vehículos estaban petrificados. Delante, en el reflejo de mis ojos había clavado un completo e extraordinario espejismo. La misma Afrodita, sentada en los asientos traseros del autobús, apoyada con el brazo en la ventana y la cabeza en su mano derecha. Tenía el rostro serio y la mirada perdida. Su cabellera castaña con reflejos dorados deslizaba sutilmente sobre sus hombros y sus labios intranquilos,carnosos, rojos como la sangre ocultaban su maravillosa sonrisa. Sus pestañas largas parecían sacadas de una revista de belleza, sus ojos verdes esmeralda eran la joya más hermosa que jamás podría poseer cualquier joyería. Sus cejas finas perfilaban su rostro y su mirada transparente desnudaba su inocencia frente al mundo que la rodeaba. En la vida había visto cosa igual. Sus rasgos, su mirada, su piel blanca y suave. Si la perfección existía estaba toda reunida en un mismo cuerpo. Mi pequeña Helena de Troya, princesa de las princesas, diosa del Olimpo, mi querida Afrodita. Leí Blancanieves, La Cenicienta incluso la Bella y la Bestia pero jamás de los jamases había contemplado algo igual. De repente todo volvió a despertarse como si por momentos el mundo se hubiera echado una siesta de 20 minutos. Su mirada perdida pareció encontrar un punto fijo. Su mirada se cruzó con los ojos que la admiraban. Tímidamente desprendió media sonrisa y sus mejillas se ruborizaron.

jueves, 2 de febrero de 2012

¿Nevó?

¡Ya iba siendo hora! Un momento, ¿No es Navidad? ¡Es verdad, estamos en Febrero! Sí, el mes más corto del año. Pero creo que en estos instantes me da igual. Me da igual ocho que ochenta, me da igual hoy o mañana, porque hoy no le hago caso ni al calendario ni al reloj. Abrí los ojos temprano, creo que ni la claridad se había levantado aún, la ventana estaba helada impregnada del vaho de toda la noche. Gracias a la luz de la gran farola pude comprobar la maravilla que nos había dejado la madrugada, un paisaje blanco, completamente blanco. Parecía como si el mejor pastelero del mundo hubiese echado el ingrediente más dulce encima de todos los tejados de la ciudad. Una sonrisa sencilla y una mirada inocente surgió en mi rostro. Mis mejillas se desprendieron de la fría ventana. Eche un bote de canguro y me planté sola delante del guardarropa. Cogí mi jersey rojo de lana y un tejano. Los guantes de felpa grises y la bufanda. ¡Lista! Me calcé y me eché a la calle sin miedo. El frío me calaba hasta el último hueso de mi menudo cuerpo. La calle desierta dormía plácidamente. ¡Levántense todos!¡Corran! Me lancé de inmediato encima de la masa helada. Empecé a jugar con ella como una inocente alma feliz con el regalo que la noche le había dejado, justamente en la puerta de su casa. El regalo más querido que podrían traerte los Reyes Magos y sin embargo ni lo había pedido en mi carta. Sentía el frío en las orejas y las manos, heladas, tenían un suave rojizo que las adornaba.