lunes, 10 de septiembre de 2012
¿Y si te digo que te quiero sirenita?
- ¿Quieres que vayamos a tomar un buen plato chipirones cerquita del mar? Bañados en agua marina con un suave toque al limón y acompañados con la brisa salada y sobretodo marina, de esas brisas que saben a mar, ¿sabes?
- Si me invitas… quizás.
- Yo sé qué tú quieres bailar conmigo, lo sé. En la orilla de la playa, con los pies hundidos en la arena, con el ruido de las olas, el cielo oscuro colmado de estrellas y miles de luces reflejadas en el agua fría, nocturna, las luces de los coches, los semáforos, las farolas, los pasos de cebra.
Te construiré un castillo enorme de arena, con muros bien altos para que nunca puedas marcharte. Tú serás el rey y yo tu reina. Te traeré una bandera para que impongas tu mandado, aunque no podrá ser de telas caras, la fabricaré con restos marinos, recuerda, vivimos en la orilla del mar, cerquita cerquita del agua. Ramitas diminutas remojadas que anteriormente fueron un nido de pájaros y pedazos de algodón blanco nacidos de la espuma que roza nuestros dedos en cada oleaje.
- Claro, yo soy un rey, yo seré tu rey. Y tú la reina más hermosa instalada en la orilla del Mediterráneo.
- Sí. Iremos a buscar mejillones para la cena real que celebraremos en nuestro palacete, ¡será divertido! Invitaremos a todos los habitantes, a las sirenas con barba, a los peces con gafas y aficionados a la lectura, a las algas con patas y ojos saltones.
- ¡Vigila tu larga melena! Se sale de la raya cuando colorea.
- ¡Sí! Tienes razón, me pondré un pasador marino, una concha en el pelo para que no se me caigan los hilos dorados en la comida real. Sería un desperdicio, ¿verdad? Tanto rato en la cocina… O quizás el coletero hecho con algas que me regalaste la primera vez que buceamos juntos.
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