martes, 11 de septiembre de 2012

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Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos, esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella… Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que siempre perderás. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y os impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejaréis de intentarlo. Os rendiréis y buscaréis a esa otra persona que acabaréis encontrando. Pero os aseguro que no pasaréis una sola noche sin necesitar otro abrazo suyo, o tan siquiera discutir una vez más… Todos sabéis de qué estoy hablando, porque mientras estabais leyendo esto, os ha venido su nombre a la cabeza. Os libraréis de él o de ella, dejaréis de sufrir, pero os aseguro que no pasará un día en que deseéis que estuviera aquí para perturbaros. Porque, a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas que haciendo el amor con alguien a quien aprecias.

Creo en el (a)mor.

¿Saben lo que no es normal? no es normal pensar que hacer el amor es pecado, no es normal pensar que Dios no quiere las relaciones sexuales, no es normal que la iglesia oculte abusos de niños, ni que los sacerdotes no se puedan casar. No es normal la riqueza del baticano, ni los anillos, ni el oro, ni el dinero tirado en campañas de publicidad, ni todo ese bohato absurdo mientras 30 millones de personas se contagian de sida en Africa por no usar preservativo. Señores, Dios nos hizo con dos brazos y con dos piernas y tambien nos hizo con la capacidad de amar, de querernos, de tocarnos, de sentir con la yema de los dedos el peso cegado por una gran excitacion y eso... eso no puede ser pecado. Amar, amar no es facil, y ustedes se empeñan en hacerlo mal, como si no nos bastaramos nosotros mismos, y no se bastara la propia humanidad para complicarlo todo. Señores, porque amar, amar es entender tambien el rechazo, entender que te van a hacer daño, entender que vas a sufrir, que vas a llorar, y es entender que las cosas son muy distintas al sacramento. O sea, ¿hoy te casas y vives feliz para toda la vida? falso. Señores, es falso, por muchos siglos que puedan ustedes seguir proclamandolo. ¿En que creo? Creo que ustedes no saben lo que es el amor, pero por que siempre, si algo he aprendido de estos años, es que se apretan dos cuerpos hasta convertirse en uno, si eso es pecado, señores, soy un pecador, porque el unico Dios en el que creo, es el amor.

lunes, 10 de septiembre de 2012

¿Y si te digo que te quiero sirenita?

- ¿Quieres que vayamos a tomar un buen plato chipirones cerquita del mar? Bañados en agua marina con un suave toque al limón y acompañados con la brisa salada y sobretodo marina, de esas brisas que saben a mar, ¿sabes? - Si me invitas… quizás. - Yo sé qué tú quieres bailar conmigo, lo sé. En la orilla de la playa, con los pies hundidos en la arena, con el ruido de las olas, el cielo oscuro colmado de estrellas y miles de luces reflejadas en el agua fría, nocturna, las luces de los coches, los semáforos, las farolas, los pasos de cebra. Te construiré un castillo enorme de arena, con muros bien altos para que nunca puedas marcharte. Tú serás el rey y yo tu reina. Te traeré una bandera para que impongas tu mandado, aunque no podrá ser de telas caras, la fabricaré con restos marinos, recuerda, vivimos en la orilla del mar, cerquita cerquita del agua. Ramitas diminutas remojadas que anteriormente fueron un nido de pájaros y pedazos de algodón blanco nacidos de la espuma que roza nuestros dedos en cada oleaje. - Claro, yo soy un rey, yo seré tu rey. Y tú la reina más hermosa instalada en la orilla del Mediterráneo. - Sí. Iremos a buscar mejillones para la cena real que celebraremos en nuestro palacete, ¡será divertido! Invitaremos a todos los habitantes, a las sirenas con barba, a los peces con gafas y aficionados a la lectura, a las algas con patas y ojos saltones. - ¡Vigila tu larga melena! Se sale de la raya cuando colorea. - ¡Sí! Tienes razón, me pondré un pasador marino, una concha en el pelo para que no se me caigan los hilos dorados en la comida real. Sería un desperdicio, ¿verdad? Tanto rato en la cocina… O quizás el coletero hecho con algas que me regalaste la primera vez que buceamos juntos.