viernes, 27 de julio de 2012
Topitos helados, telas con olor a mar
Entre humo, luces y confeti visualicé tu figura moviéndose al ritmo de Janelle Monáe. ¡We are Young! , gritabas con fuerza. Llevabas un vestido de telas extrañas con trasparencias que se movían revoltosas en los pliegues. Azul marino y topos blancos, acabé por denominarte “la chica de los topos”, tirantes anchos y rodillas descubiertas. Tu larga melena se balanceaba con el vaivén de tus caderas y el viento la despeinaba. Tu carita era realmente el espejo de tu alma y es que Topitos, sólo podía reflejar tu espíritu libre, eras un pájaro independiente y solitario que vagaba por la pista de baile yendo de aquí para allá sin parar. Ajena a la mirada de la gente, a sus cuchicheos, a sus actos, a sus bailes y a las canciones que tarareaban inventándose la letra.
¡Por fín! ¡Me miraste! Me dijiste tantas cosas con tan sólo mirarme. Observaste cada uno de mis movimientos, de mis gestos. Hiciste un escáner completo del elemento que tenías enfrente. Aun no me has contando que pensaste de mí en ese momento, un instante de 2 segundos en que nuestros ojos se clavaron los unos en los otros sin mover ni una pestaña. Quería impresionarte como fuese, me daba igual como sólo quería que fijases tu atención en mí. Mis manos iban solas, creo que no sabían que estaban tocando. No distinguían entre Bongo Botrako ni El Barrio, admito que no se enteraban de nada, la batería iba con una alma viajera al mando. Tu sonrisa tímida me comía por dentro, no sabía que significaba que me mirases de una forma tan peculiar, tan distinta… Me armé de valor y decidí que iba a ser tu foco de luz, tu centro de atención. Conseguiría que no miraras a nadie más, que no prestases atención a nada ni a nadie y pienso que lo logré. Recuerdo como te reías cuando mis manos se enredaban entre ellas con los palos de la batería causa de querer impresionarte con mis dotes de malabarista retirado.
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