- Tienes las maletas hechas y listas en la puerta. Puedes marcharte.
- No te entiendo, ¿Qué te ha picado? Estábamos bien. Entiendo que teníamos nuestros baches, vale, pero los superábamos uno a uno ¿no? Digo, que hemos vivido mucho juntos, ¿Vas a echar todo por la borda así como así?
- Tu mismo lo dices, no lo entiendes, no me entiendes, nunca me has entendido. Nunca te has parado ni un momento a pensar en lo que yo te pedía. Creo que no te pedí un viaje a la luna ni tampoco te pedí que me entregaras el mundo. No pedí nada de eso, sólo un poco de atención. No pedía que fueses perfecto, ni que cambiaras tu manera de ser ni actuar. Sólo pedía los pequeños detalles que nunca tuviste conmigo. Entiende que me cansé de esperar. Esperar la felicidad que nunca llego. Parecía todo perfecto, la fachada de una casa preciosa, que por dentro estaba colmada de grietas. Nunca te pusiste en mi lugar, nunca. Nunca te importó como me sentí, nunca intentaste ponerte en mi piel ni entendiste lo que realmente sucedía. Vivías en tu burbuja perfecta, el mundo que tú querías y al cual dominabas. En el mundo que todos los imprevistos se solucionaban con ligereza. Yo formaba parte de ese mundo, ese mundo donde el único que podía llevar el timón eras tú. Tú tomabas las decisiones, tú movías las piezas de ese puzle, tú andabas por el sendero de la vida. ¿Y yo? ¿Qué hacía yo? Sólo seguía tus pasos, servía tus deseos, me acomodaba a lo que tú querías. Si algo no me parecía bien agachaba la cabeza y asentía a tus palabras. ¿Eso era vida? Decías que yo era tu mundo, tus estrellas y tu sol. Mentira, yo era para ti el mejor amigo que puede tener el hombre, el perro fiel que siempre seguía tus pasos. Lloraba en silencio. Mis llantos y lamentos resonaban por todos los rincones de esa bella casa que tú construiste. Hasta el punto que me cansé y abrí los ojos. Me di cuenta que yo no soy para ti ni tú eres para mí. Que no merezco ser el siervo de nadie, que soy persona y merezco actuar como tal. Así que vete, toma tu camino que yo ya tome el mío. Hoy es el primer día de mi nueva vida y tú ya no formas parte de ella.
- No me hagas esto, ¿Qué haré yo sin ti? Te lo he dicho siempre, eres lo más bonito que tengo a mi alrededor. Yo sin ti no puedo vivir. ¡Te quiero!
- No sigas, deja de mentir y afronta la realidad. Yo salgo de tu vida y tú de la mía. No es para tanto, vas a rehacer tu vida. Aprenderás a valorar, porque lo que tú sientes no es amor, es dependencia. Tú no necesitas alguien que te quiera, necesitas alguien que te sirva. El tiempo lo pondrá todo en su lugar. Luego te darás cuenta de lo que ha sucedido y rectificaras. Conocerás a alguien, sentirás, amarás y encontrarás la felicidad. A mí me sucederá exactamente lo mismo, los dos tomaremos un camino. Punto y final.
Me encantaa! Estoy segura que cuando lo escribiste, realmente lo necesitabas porque está narrado con tanta claridad y desahogo.
ResponderEliminar:)
(Me hago seguidora, así blogger me avisará cuando cuelgues textos, preciosa ♥)